La interna del peronismo en la provincia de Buenos Aires está en un impasse. Máximo Kirchner vendió cara su caida y Axel Kicillof terminó aceptando una propuesta del camporista para tener la conducción del partido, pero debajo de esta sintonía sigue latente la desconfianza y, sobre todo, la batalla que empieza a verse por las candidaturas de la principal fuerza de oposición a Javier Milei de cara a 2027.
Hay que ver un dato concreto: Kicillof solo pudo controlar el partido al séptimo año de su mandato como gobernador. Puede haber muchas respuestas, pero la primera es que respetó el pacto original que tenía con el kirchnerismo, que era trabajar sin armar estructura política.
Pero eso se rompió. Los que conocen a Kicillof, dicen que en su fuero íntimo el quiebre fue cuando Cristina y Máximo Kirchner lo hicieron sufrir más de la cuenta para cerrar su candidatura a la reelección, en 2023. Entre ese momento y el actual, pasó otro hito reconocible: el gobernador contrarió a sus antiguos jefes políticos y adelantó las elecciones de la Provincia. Por eso celebró una doble victoria el 7 de septiembre de 2025.
Kicillof pudo mostrar, entonces, un armado que había creado a fuego lento, con auxilio de decenas de intendentes que habían salido del kirchnerismo espantados por el estilo de conducción que planteó La Cámpora. No es que el gobernador les despertaba un furor político incontenible, sino más bien que los Kirchner –madre e hijo- ya no eran vistos como parte del futuro, ni tampoco temidos como durante el segundo mandato de Cristina.