En el sector automotor, el gremio de SMATA jugó un papel clave a favor de la candidatura de Sergio Massa. Desde el ala más dura del secretario adjunto, Mario “Paco” Manrique, a la más conciliadora de su titular, Ricardo Pignanelli.
El N° 2 de los mecánicos es diputado nacional y, hace unos días, también renunció a la secretaría gremial de la central obrera. La cohabitación entre Pignanelli y “Paco” se logró por una prolija división “de hecho” de jurisdicciones.
Manrique, por ejemplo, ejercía su poder en automotrices como Volkswagen y Ford, hasta que entró como legislador, mientras que Pignanelli es el referente absoluto en Toyota.
Todo lo que sucede en la planta de Zárate de TOYOTA adquiere más importancia por el peso específico que tiene en el sector.
Pignanelli es un dirigente “dialoguista” y eso se vio en la excelente vinculación que tuvo con el expresidente de la marca japonesa, Daniel Herrero. Manrique, todo lo contrario. Llegó a decir que a los empresarios había que “prenderlos fuego”. Hoy, con el paso del tiempo, Pignanelli está delegando sus funciones, respecto a la relación con esta terminal, en su hijo Sergio.
En TOYOTA hay una gran vida gremial y eso quedó plasmado en la previa de las elecciones pasadas cuando, desde la comisión interna, se manifestaban a favor de Massa y gran parte de los operarios -muchísimos por debajo de los 30 años- eran partidarios de Milei.
Desde el triunfo del libertario, la relación entre los delegados y la plantilla ya no fue la misma. A esto se sumó que, cuando se abrió en la empresa el retiro voluntario hace unos meses, muchos delegados históricos se plegaron a ese beneficio. Este hecho, más el empoderamiento de Sergio Pignanelli, tienen convulsionada a la actividad gremial en la fábrica.
Pignanelli (h), que maneja la delegación Zárate del gremio, viene librando una batalla con el cuerpo de delegados históricos. Esto lo llevó a parar las elecciones para elegir la representación gremial.
Hace un mes decidió intervenir la comisión interna de Toyota y desde entonces está dando de baja a todos los delegados que vienen con mandato de largo tiempo y los está enviando a trabajar a la línea de producción. Algunos, renuncian por su cuenta al cargo gremial y vuelven al llano.
El problema también está en el manejo interno de los delegados con el personal. Algunos aducen que el fracaso de convocatoria en las últimas marchas (de la CGT o contra el Gobierno) se debió a que se flexibilizó la estrategia de forzar a los trabajadores a concurrir.
Operarios con años en la empresa reconocen que ese método ya no tiene chance de implementarse porque los operarios más jóvenes no aceptan esa imposición y los más viejos tampoco ya se dejan manejar de esa manera.