Tras el episodio que conmovió al mundo por la afección que sufrió el futbolista danés Christian Eriksen, afortunadamente restablecido, vale tener en cuenta como la asistencia rápida de profesionales permite -como en este caso- salvar una vida.
Lo asocio a diciembre de 1987, en el estadio de Independiente de Avellaneda, cuando Sergio Batista estuvo al borde de la muerte. El "Checho" - jugaba en Argentinos Juniors- chocó contra Pedro Monzón- defensor local- y se desplomó en el acto. Tuvo convulsiones y evoco al "Pato" Pastoriza (DT del Rojo) corriendo para abrir las puertas que permitieran el acceso de la ambulancia a la cancha.
Carlos Bilardo, que miraba el partido, salió de su casa y se metió al móvil rumbo al Hospital Fiorito. Al otro día, ya repuesto, el jugador preguntó por qué tenía moretones en la mandíbula y le respondieron que los médicos debieron golpearlo en la zona hasta reanimarlo, ya que debían aflojarle la lengua -había sufrido dos paros cardio respiratorios, además.
No había celulares ni wifi, así que los periodistas debíamos arreglarnosla como se podía para transmitir la información. Qué momento.