Tuve el privilegio de haber cubierto periodísticamente Argentina vs Venezuela desde el palco de Prensa de La Bombonera. El entorno, más la caminata por las calles de La Boca y de Barracas hacia el estadio, me provocaron ese estado de tensión y ansiedad propio de ese metro patrón social y cultural que germina desde el fútbol.
Cuatro años antes, en el mismo escenario, Argentina se jugaba frente a Perú la chance de seguir con vida en la eliminatoria rumbo a Rusia 2018.
Y evoco que la sensación de angustia previa no tenía punto de comparación con la de disfrute que se palpaba anoche en el mítico estadio xeneize.
Es lo que ha creado e internalizado esta Selección: referenciar a la alegría como parte fundamental del modelo de juego.
Argentina no sufre los partidos, sino que los disfruta. Y así llegará a Qatar. No sabemos cómo se volverá desde allí, pero -al menos- hay una identificación con los y las hinchas que ya merece destacarse como un logro mucho más sólido que el mero resultadismo.