El poeta no encuentra mucha diferencia entre su vida y su poema, asegura, que están hechos de lo mismo.
Su vida está construida por la risa de sus hijos y su poesía también.
Cuando más estrecho es el parecido, más feliz se siente, hasta ha llegado a considerar, que si la vida pudiera ser siempre presente en su maravilla, no sería necesario su trabajo.
Mirar en el tiempo, encontrar el instante feliz y mirar los lugares como quedaron impregnados de alegria , escribir esos sucesos, es de alguna manera, su noble oficio, es a lo que se dedica.
Dejar el registro del amor, con sus colores, cada vez que alguien lo habita, como un país, con sus formas, como las casas del barrio, que no seran recordadas por grandes o pequeñas, los vecinos siempre comentan el amor que contuvieron.
Dirán, en la esquina de Lamadrid y España, fueron felices dos, un tiempo feroz y largo, así podría empezar su poema, para terminar escribiendo...los jardines nunca olvidan...
También podría hablar del fuego y los amigos, de los patios, observatorios de estrellas fugaces, que la persistencia de lo simple, siempre termina en maravilla.
Llenarse de paisajes cuando escribe, dejarse habitar por las palabras, esto sucede al revés con los vecinos, que trabajan, con otros ingredientes y materiales, ellos deben llenar con sus alegrías y sus bellezas, lo que hacen.
El poeta cosecha, ellos siembran, que tenga sentido y nadie olvide. Es hermoso admirar, el poema, es otro trabajo más.
La metáfora se fuga diciendo...hay mucha belleza cuando somos los que somos y somos lo queremos ser.