El fallo de la Corte de Mendoza que obliga a los líderes de una estación de servicio a pagar a una mujer $150 mil pesos por forzarla a ejercer su trabajo con una calza tamaño "S" que le apretaba por demás ha pasado a nivel nacional y la gente no ha sido ajena a la hora de hablar sobre la situación.
Se trata de un hecho que está judicializado desde hace 8 años, pues F.V. arrancó a trabajar en 2012 en una estación de servicio de Guaymallén.
La femenina trabajaba como playera y era la única mujer, pues los demás eran todos compañeros hombres, que usaban pantalones, mucho más cómodos. Requirió varias veces que le permitan cambiar la ropa de trabajo porque le daba vergüenza estar así vestida, y además se sentía mak. La estación de servicio se situaba en un paraje de mucho tránsito masculino, y la chica la pasaba muy mal. "Todo el tiempo me piropeaban, se referían a mi contextura física, o me ofendían con frases inapropiadas", aclaró en los escritos.
En el momento que F.V. comenzó a usar pantalones, comenzaron las sanciones, que finalmente terminaron en el despido.
El voto de Adaro posibilitó el fallo que condenó a la estación de servicio al resarcimiento.
"La sentencia de Cámara admitió la demanda ante el despido incausado (el despido se produjo por un supuesto abandono de trabajo que el empleador no acreditó) pero, se rechazó el daño moral fundado en el despido discriminatorio art. 1 ley 23.592 con el argumento de que, no se demostró que el despido fuese discriminatorio. Es por eso que la sentencia de esta Corte analiza con perspectiva de género y determina que si bien existió un despido injustificado por abandono, esta supuesta causa invocada solapó una serie de actitudes que violentaron derechos fundamentales de la trabajadora", aclara Adaro.
La mujer, antes del despido, fue sancionada con tres días de suspensión ya que se le avisó: “que tenía que presentarse a trabajar con el uniforme reglamentario de playera de Oil combustible y usted insiste en presentarse con el uniforme de Oil masculino”.