El cierre con el Fondo Monetario Internacional (FMI) deberá ser a 10 años. Pensar en grandes plazos es una pérdida de tiempo. No pueden volver las limitaciones fuertes a la actividad económica. Si las hubiera, la macroeconomía no lo soportaría. Las tarifas deben aumentarse, al menos, al nivel de la inflación anual. Porcentajes menores harían que los equilibrios fiscales imprescindibles para cerrar las principales variables se desacoplen, y los niveles de subsidios se conviertan en un peligro.
Martín Guzmán se plantó. El ministro de Economía le impuso a Alberto Fernández estas tres fronteras que deben acatarse para que su labor sea exitosa. Y que representan una muralla para las intenciones del kirchnerismo duro de seguir sobre la política económica del gobierno. El funcionario expuso su postura dura, antes de arrancar su gira por Europa para negociar con el Club de París la fórmula para abonar los U$S 2.400 millones de dólares que se le deben a ese organismo. Guzmán nunca perdió ni la calma ni la templanza y la buena educación que lo hicieron ya famoso dentro del grupo nacional, y también fuera de él. Pero a sus interlocutores, entre ellos el Presidente, le quedó asentado que quizá por primera vez que para su gestión ahora hay límites.
El primer capítulo donde Guzmán se puso firme, fue en el cruce sobre las limitaciones económicas que muchos miembros del gobierno querían imponer en la nueva etapa de la lucha contra el covid. El ministro conocía las presiones directas que llegaban desde Buenos Aires de parte de la administración de Axel Kicillof, donde la idea restrictiva era amplia y dura; e incluía trabas al comercio como cerrar shopping e industrias como la construcción en su versión privada. Ni hablar de la gastronomía, turismo y entretenimiento, sectores en la mira bonaerense como una de las claves de la multiplicación de contagios.