A 90 años de su nacimiento, la Vendimia reafirma su condición de símbolo vivo: una celebración que honra el trabajo, fortalece la identidad y consolida a Mendoza como comunidad.
En el marco de las 90 celebraciones de la Fiesta Nacional de la Vendimia, un trabajo periodístico reúne columnas de opinión de destacadas figuras mendocinas con amplia trayectoria en los ámbitos académico y cultural. Participan el historiador Pablo Lacoste, el docente y escritor Juan Marcelo Calabria, la periodista cultural Patricia Slukich, el historiador Gustavo Capone y la reina nacional de la Vendimia 1974, Stella Maris Laborde.
Además de ser tiempo de cosecha, la Vendimia es para Mendoza una manifestación popular del amor, el compromiso con el trabajo y la construcción de riqueza colectiva. Así lo señala el dossier en sus primeros párrafos, donde también se recupera el origen de esta gran tradición.
Una celebración que nació en 1936
La introducción repasa cómo y por qué nació la primera Fiesta de la Vendimia en 1936: homenajear el trabajo de la industria vitivinícola, promover el turismo y generar un espacio de encuentro popular fueron sus ejes conceptuales. Lo que comenzó como una propuesta gubernamental inspirada en tradiciones europeas se transformó rápidamente en una de las celebraciones más queridas por los mendocinos y en un emblema cultural que, con el paso de los años, trascendió fronteras.
Vendimia es Mendoza
En su columna “Vendimia es Mendoza y Mendoza en Vendimia late”, Pablo Lacoste sostiene que el Acto Central es apenas la bandera que ondea sobre un amplio territorio cultural, conformado por todas las fiestas que, como círculos concéntricos, se celebran en distritos y departamentos de la provincia. La Vendimia, así, excede el espectáculo mayor y se afirma como una red de celebraciones que consolidan identidad y pertenencia.
Juan Marcelo Calabria, por su parte, define la Vendimia mendocina como una verdadera epopeya: un acto donde la memoria colectiva y la pasión vitivinícola se encuentran para confirmar que cada copa cuenta la historia de un pueblo que supo transformar el desierto en un oasis de cultura.
Un telar que nos reúne
Bajo el título Vendimia: el telar donde tejer nuestra propia trama, Patricia Slukich reflexiona sobre por qué cada año los mendocinos se sienten interpelados por la cosecha, aun cuando no sean labriegos, viñateros o bodegueros. La respuesta, señala, es simple y profunda: ser parte de este pueblo y no de otro; saber que esta geografía nos contiene y nos reúne en la diversidad.
En la misma línea, Gustavo Capone describe estas 90 Vendimias como “un tierra”. No es solo una fiesta, afirma, sino un latido profundo que une pasado y presente, tradición y futuro. Un racimo nacido en las hileras y surcos de los pueblos mendocinos que tomó altura hasta llegar a las mesas del mundo.
Noventa años de cultura compartida
El recorrido culmina con la mirada de Stella Maris Laborde, quien propone un viaje por nueve décadas de cultura y tradición. Destaca como uno de los grandes valores de la Fiesta el trabajo sostenido de miles de mendocinos que, desde la base, hacen posible cada celebración.
En barrios, clubes, uniones vecinales y comunidades comienza un proceso que reúne talento, esfuerzo y compromiso. Allí se expresan el arte, la técnica y la creatividad en todas sus formas, dando lugar al descubrimiento y desarrollo de capacidades que se construyen colectivamente.
A 90 años de su nacimiento, la Vendimia reafirma su condición de símbolo vivo: una celebración que honra el trabajo, fortalece la identidad y consolida a Mendoza como comunidad.