Una mujer en el desierto, huía de sus sueños. Por más que buscaba lugares perdidos, los sueños la seguían y encontraban, en todas las pausas y vacíos, que se permitía en su viaje.
Empecinados, los sueños llegaban en bandadas como pájaros en la tarde a buscarla.
Eran sus propios sueños los que ella evitaba, para no ingresar la sublevación y la rebeldia que maduran dentro de toda quimera.
Se detuvo la mujer en un puerto de un mar antiguo, y los sueños por fin la alcanzaron.
Un montón de sueños juntos generalmente convocan al amor, ahora ella extraña el camino, algunos días, pero juega a compartir sus sueños de vez en cuando, atrapada y descubierta, de alguna manera, sonríe algunas tardes.