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EL ARTE ESTÁ DE LUTO

El actor había saltado a la fama en los años 90 como parte del equipo de humoristas que acompañaba a Marcelo Tinelli en Showmtach. Sus personajes llegaron a la gente rápidamente, al punto que uno de ellos llegó a tener su propio programa junto a Leo Montero. Allí, hacía a "Riquelme", el hombre despistado que no dejaba de preguntar "¿quién?, ¿cuándo? y ¿dónde?".

 

"Estoy mal, destrozado", dijo Larry. "Hace varios días que estaba internado por un problema intestinal. Venía hablando con su pareja y su hijo pero parecía que venía mejorando. Lamentablemente, en la madrugada se fue", detalló el humorista.

Sobre su estado de ánimo, remarcó: "Su pareja me dijo que no quería molestar a nadie, estaba esperando un traslado... no sé, por lo menos a través de su familia pude estar".

Salvador “Toti” Ciliberto, murió a los 63 años por una hemorragia interna seguida de un paro cardíaco.

En 1992, cuando Marcelo Tinelli lo citó para sumarse al elenco de VideoMatch, su vida dio un giro rotundo. Había llegado a la televisión después de haber ejercido como profesor de educación física, y de haber probado suerte en el Parakultural, cuna del teatro alternativo porteño. Pero fue con Tinelli donde encontró la masividad.

En 1997 llegó a conducir su propio ciclo, Adivina adivinador, donde aparecía caracterizado como un hilarante Riquelme. Luego llegaron participaciones en películas como Vivir intentando con Bandana, Brigada explosiva: misión pirata junto a Emilio Disi y Luciana Salazar, y Cuatro de copas con Federico Luppi.

“Estuve muy comprometido con una adicción fuerte y fue muy difícil”, confesó sin rodeos en una entrevista con Gastón Pauls para el ciclo Seres Libres. La cocaína no llegó con la fama: ya estaba antes. Pero el vértigo del éxito, las giras, los personajes, la presión de los 40 puntos de rating la volvieron más frecuente, más necesaria, más letal. “Uno se engaña. Creés que te ayuda a estar más pila. Hasta que te das cuenta de que te está matando”, relató.

Su familia lo recuerda como un hombre nuevo. Recuperado, transformado, sereno. Lo lloran sus hijos, sus alumnos, sus amigos de toda la vida. También lo llora un país que, por años, lo invitó a sus hogares cada noche, sin saber que del otro lado del televisor había alguien que luchaba por no apagarse.

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