Perdí una vez un poema, que fue honesto, escrito en el idioma breve, de los enamorados. Escrito en ese dialecto antiguo, que se mueve más por el silencio, que se mece como un mar azul, maravilloso y profundo.
Ese preciso lenguaje que interpreta lo que sabe y dice el fuego en la noche, en que la vida está dentro de la vida y se repite al amor, la misma pregunta , si es verdadero, si es correspondido, si los siempre.
Entonces las palabras nos dan risa, como un colibri, por muy serias, por obstinadas o por muy raras y vuelan en bandadas a contagiarse con el viento, de primaveras y de inviernos.
Hablan en canciones, los enamorados y dicen las melodías simples que se silban en el feliz regreso, plegaria y conjuro al mismos tiempo.
Estos decires, que se transforman en la leyenda de barrio, que dice que siempre hay, que siempre hubo, enamorados en la otra cuadra, pasando la avenida, enamorados que llegan, que vienen a alimentar de futuro, el poema que sigue.
Es cierto ahora interpreto perfecto, la poesia de caricias y del cariño, la exacta conjugación que me permite a los tiempos, que sucedan, que me lleven y me tengan construyendo rimas que inventamos, para despues leerlas juntos.
Y sin querer, entiendo, que perdí una vez un poema honesto, sencillamente, para escribirlo, de nuevo.