Buenos Aires es eso, una ciudad que, a fuerza de piquetes, manifestaciones y marchas, se transformó en una urbe intransitable, un lugar donde las protestas, la mayoría de ellas justas, le ganó a la razón, al diálogo y a los consensos.
Mientras el Gobierno negocia paz en las calles con el núcleo más duro de los movimientos sociales, aquellos que no están alineados con la Casa Rosada, nucleados en el Frente Piquetero, sumado a las organizaciones que quedaron fuera de la mesa interministerial, que coordina Juan Zabaleta, en busca de acuerdos y razonabilidad, realizaron un ataque brutal en el ministerio de Desarrollo Social.
Otras organizaciones piqueteras intentaron el subir al Puente Pueyrredón para reclamar por “tierras para vivir”. Fueron los desalojados hace un año de la mega toma de Guernica que aseguran que la gobernación de la provincia de Buenos Aires “incumplió” con las promesas realizadas y no les entregaron, ente otros beneficios, “terrenos con servicios”.