La comunidad Bodeguera está contenta, y es que no todos los días se cumplen 100 años. Godoy Cruz Antonio Tomba recibió su centenario de vida y, aunque no podrá tirar la casa por la ventana por la pandemia, el club emocionó a todos con una inolvidable gala y los seguidores hicieron lo suyo para colmar de color el barrio.
Aquel sueño que comenzó a realizarse en el núcleo del departamento y que cobró vida el 1 de junio de 1921 en el Bar Victoria traspasó todos los límites pensados a lo largo de estos 100 años, tranformándose en uno de los símbolos del fútbol del interior del país y en el estandarte del Oeste argentino.
Un club de fútbol, sí, pero un club de barrio, armado por familias de apellidos ilustres, pero también de trabajadores y de gente humilde que halló en la institución de la calle Balcarce un sitio de reunión y de contención, más allá de lo netamente deportivo.
Aquel grupo que fue fundador de la Liga Mendocina fue agigantando su leyenda a paso cansino y con el correr de los años, para dejar su huella más allá del arco Desaguadero desde la década del 90, de la mano de los Héroes del Barro, y traspasar las fronteras internacionales en el nuevo milenio.
Las estadísticas, los números fríos, arrojan que Godoy Cruz Antonio Tomba es el único equipo mendocino campeón de un torneo de AFA, el que más tiempo ha perdurado en la máxima categoría argentina y el único que ha jugado, en más de una vez, la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana.
Ese club de barrio que vivió días gloriosos enfrentandose a sus vecinos barriales de Andes Talleres o a Independiente Rivadavia, Gimnasia y Esgrima, San Martín, Palmira y Huracán, mientras los pibes ingerían mandarinas en las tribunas, un día se vio enfrentando al Santos de Pelé y fue una algarabía familiar
Pero no se armó con un simple amistoso, y algunas décadas después se animaría a unirse, y a plantarse, ante gigantes continentales como Peñarol, Nacional de Medellín, Palmeiras o Gremio. Pero siempre con los cimientos en el barrio que lo vio nacer.
Una identidad que supieron ver incluso aquellos que llegaron desde afuera para sumar su granito de arena. Así, un día después de hacerle tres goles a Boca te podías ver con Jairo Castillo en el supermercado; o luego de hacerle un doblete a Palmeiras en la Libertadores lo veías al Morro García en el almacén del barrio Bombal.
Tan compenetrado está el barrio, que durante más de 15 años jugando en Primera y codeándose con la “alta sociedad” futbolera, los seguidores jamás se olvidaron de sus raíces y solicitaron a viva voz la vuelta al Feliciano Gambarte, cuya concreción fue quizá el mejor regalo para el año del centenario.
Felices 100 años, Tomba.