Según el Indec, la inflación de mayo llegó a 2,1%, con una desaceleración desde los 2,6% de abril. El dato no es poco porque fortalece el camino de desinflación que el gobierno y las consultoras venían anticipando.
El desempeño se preveía porque uno de los puntos que más había incidido era el precio de la carne, que en mayo no aumentó, sino que se retrajo en un pequeño porcentaje. De la misma manera, es clave ver que en mayo crecieron los precios estacionales un 3,5%, como es habitual en esta época (el tomate es la "estrella", con un 60% de aumento). Por su parte, los regulados crecieron un 2,4% (todos los servicios).
El dato importante es que el IPC núcleo, que es el estructural, sacando estacionales y regulados, creció solo 1,9%, lo que estaría dando un comportamiento bastante razonable, pero habrá que ver si se mantiene como tendencia en el futuro.